Artículo

Tú Votas en tu Propia Elección

P1400190Año 6
Número 28
Noviembre y Diciembre 2001
Autor: Ronald W. Fisher,
Director del depto. de Estudios Bíblicos
Great Lakes Bible College
Lansing, Michigan

Traducido por Susan O. de Calderón

 

 

El Asunto a Discutir

Hoy en día se ven en todas partes actitudes de cambio.  Son tan obvias en la esfera de la religión como en cualquier otra, quizás aun más.  El liberalismo religioso dominó el pensamiento y la vida en general de la civilización en los Estados Unidos y Europa durante todo el Siglos XIX y hasta los primeros 25 años del Siglos XX.  El neo-ortodoxismo apareció en Europa como una alternativa al liberalismo antes de 1920 y atrajo el pensamiento de muchos eruditos, tanto en Europa como en los Estados Unidos, hasta su colapso en 1965.  Desde entonces, varios tipos de neoliberalismo han intentado presentarse como “la ola del futuro”.  Unos cuantos eruditos aun han tratado de revivir el neo-ortodoxismo como una opción viable para el hombre del Siglo XX en la actualidad.  Estos esfuerzos han fracasado.

El liberalismo ahora está en decadencia.  Un indicio de este hecho es la baja de nuevas inscripciones en las facultades de divinidad de las universidades de Harvard, Yale, Chicago y Vanderbilt, al igual que en el Seminario Teológico Unión de Nueva York.  El sostenimiento financiero para estos baluartes anteriores del neoliberalismo también está disminuyendo.  Un reporte reciente de la Fundación Rockefeller documenta el hecho que estos colegios teológicos de posgrado ya no se concentran en la preparación de predicadores para servir a la Iglesia.

Están repudiando el papel de su relación cercana con la Iglesia y optando, en su lugar, por el “Estudio Académico de la Religión”.  (Vea Christian Standard <El estandarte cristiano>, septiembre 5, 1976, Earl Ray Jones, “Reflecting the News” <”Reflejando las noticias”>, página 15.)

Mientras, la ancha esfera del protestantismo está regresando más fuertemente a la posición del evangelicalismo conservativo.  El teólogo George Lindbeck, como graduado de la Facultad de Divinidad de Yale, cita las estadísticas de que casi la mitad de todos lo protestantes en los Estados Unidos son evangélico conservativos (vea la fuente arriba citada).  Una reciente encuesta de Gallup ha encontrado que el 46% de todos los protestantes entrevistados cree en la Biblia palabra por palabra.  Al frente de este movimiento son tales colegios como el Instituto de Biblia Moody, el Colegio y Facultad de Posgrado Wheaton, el Seminario de Dallas, el Seminario Trinity, el Seminario Bethel (Minneapolis), Seminarios Conservativos Bautistas (Denver y Portland), la Escuela de Teología Gordon-Cromwell, el Seminario Westminster (Filadelfia) y el Seminario Reformado.

En el prólogo del libro de Harold Lindsell (editor de Christianity Today <El cristianismo hoy>, publicado recientemente, The Battle for the Bible <L batalla por la Biblia>, 1976, Harold J. Ockenga indica que planes deliberados fueron hechos tan temprano como el año 1948 en Pasadena, California, para la salida de un movimiento evangélico que reemplazaría el fundamentalismo (él lo llama neo-evangelicalismo).  Él rechaza que se identifica en parte con el neo-ortodoxismo en que acepta que la Biblia no tiene errores.  Pone su identidad en parte con el fundamentalismo y en parte no.  De su punto de vista teológico, es semejante al fundamentalismo, pero difiere de este último en asuntos de la filosofía del gobierno de la Iglesia y teoría social.  La apariencia del evangelicalismo como un factor mayor en la escena protestante de hoy muestra una medida de éxito desde el punto de vista de lo que tenían en mente los que trazaron el curso en 1948.

Los hombres que comparten el punto de vista de Lindsell y Ockenga subscriben a cinco grandes doctrinas fundamentales que el evangelicalismo ha traído del fundamentalismo de los años 1920 como consignas de la ortodoxia.  Estas son: la infalibilidad de las Escrituras, el nacimiento virginal de Cristo, Su expiación sustitucionaria, Su resurrección corporal y Su segunda venida visible.  (Vea Seminary Review <Revista del seminario>, Vol. XIX, Número 4, Verano 1973, Jack W. Cottrell, “Values in Evangelical Theology” <“Valores en la teología evangélica”>, pp. 116, 117.)  Al mismo tiempo, ellos censuran el cambio del humor y temperamento del fundamentalismo de la primera parte de este siglo al de hoy en día.  Las actitudes actuales del fundamentalismo son: el separatismo, la intolerancia, la dureza del espíritu y otra mundanería (Cottrell, pp. 113, 114).  Sienten que estas actitudes del fundamentalismo lo hacen demasiado regresivo y no adecuado para tratar con las necesidades de estos últimos 25 años del Siglo XX.

No obstante, el evangelicalismo tiene sus propios problemas.  El Dr. Ockenga también nota en su prólogo del libre del Sr. Lindsell que muchos evangélicos jóvenes se han unido al movimiento que comenzó en 1948 y han tomado el nombre, pero no han aceptado la posición doctrinal del evangelicalismo ortodoxo.  Es decir, ellos rehúsan suscribir a uno o varios o todos de los cinco particulares de doctrina que los iniciadores del evangelicalismo declararon ser puntos torales de la naturaleza sobrenatural de la fe cristiana.  La misma tesis del libro del Sr. Lindsell es que un número de supuestos evangélicos ya no profesa la infalibilidad de las Escrituras (uno de los cinco particulares) porque ahora no creen que la Biblia no tiene errores.

Conservatismo vs. liberalismo

En su libro, La Batalla por la Biblia, el Sr. Lindsell cita una lista impresionante de evangélicos profesos que se niegan a sancionar la infalibilidad de la Biblia (que la Biblia es correcta y precisa en todo respecto).  En el capítulo cuatro, él muestra cómo la negación de esta doctrina cristiana fundamental es un principio básico entre el ala de moderados del Sínodo Luterano de Missouri.  Además, ilustra cómo esta negación ha causado mucho de este levantamiento dentro de aquel cuerpo denominacional.  Muestra las deserciones sobre el mismo asunto entre los líderes de la Convención de los Bautistas del Sur, aunque la mayoría de los miembros promedios de aquel cuerpo no ha seguido su ejemplo (el capítulo cinco).  Además, indica que esta deserción ha introducido una cuña de influencia en el Seminario Teológico Fuller, con el resultado que Daniel P. Fuller, un profesor allí e hijo de Charles E. Feller, el fundador del seminario ya no cree en la infalibilidad de la Biblia.  Descubre que David A. Hubbard y Paul K. Jewett, antes de profesores de Fuller, tomaron una posición similar (el capítulo seis).

El Sr. Lindsell termina su libro al observar que los protestantes liberales de primera orden embarcaron en su curso de infidelidad, en primer lugar, al dudar y, después, al negar la infalibilidad de la Biblia.  En el convincente capítulo al final, concluye su estudio de las deserciones al deducir que dichas deserciones llevan inevitablemente a engaños éticos y fracasos morales.  Las distinciones entre la Biblia escrita y las Escrituras (la Biblia contiene la Palabra de Dios, pero no es la Palabra de Dios) logran por la fuerza una tasa muy costosa al matar la integridad de la fe y vida.  Entonces, reina la subjetividad; y el hombre se siente libre de hacer lo que quiere de Dios, la verdad, el hombre, el pecado y la vida.  Muchos están haciendo precisamente eso.

Y, si esto no fuere suficiente, otra inquietud mayor se asoma en el horizonte; y puede ser el problema más formidable de todos para los cristianos neotestamentarios.  Es el esfuerzo intensificado de los proponentes del calvinismo.  Los colegios y seminarios conservativos de las persuasiones reformadas, presbiterianas y bautistas están enviando una hueste de obreros que defienden esta posición.  Es muy interesante que casi todos ellos contienden por la infalibilidad de la Biblia.  Continúan acumulando unos logros impresionantes.  Los más notables apologistas cristianos contemporáneos contra las fuerzas de la infidelidad se encuentran de pie aquí.  Entre ellos son: John Warwick Montgomery (un luterano que cree en la esclavitud de la voluntad humana), Cornelius Van Til, Edward John Carnell (ahora fallecido, pero cuyos libros todavía prosperan), Gordon Haddon Clark y Francis Schaeffer.  Libros escritos por estos hombres, así como por especialistas en otras ramas, salen abundantemente de las casas de publicaciones religiosas.  La escolaridad detrás de estas ofrendas en general es del primer orden.  Parte de ello es de mala calidad y dudosa.  Muchas canciones nuevas y cantatas que apoyan el calvinismo siguen apareciendo.  Estaciones de radio, orientadas a la religión, ponen en esta música atención central.  Escuerzos evangelistas en grandes áreas, sean en los Estado Unido o en el ultramar, exponen mucho las afirmaciones del calvinismo.  Varias traducciones bíblicas en la actualidad son piezas de propaganda para ello.

En esto radica el dilema para aquellos que están comprometidos con la posición de la restauración.  Los defensores del calvinismo están recibiendo amplia cobertura noticiera con mucha atención favorable.  La gente de nuestra nación está regresando en general al conservadurismo en muchos aspectos.  Esta actitud provee un semillero fértil para la receptividad del calvinismo.  De hecho, un número sustancial de nuestra propia gente están mirándolo con interés y atracción.  Coloca una trampa sutil: promueve la infalibilidad de la Biblia, habla de la naturaleza sobrenatural del cristianismo y, mayormente, usa terminología bíblica.  Demasiadas restauradoras no ven el peligro.  No detectan que el punto de vista calvinista de la predestinación va en contra de las claras enseñanzas de la Biblia, proporcionan un punto de vista antibíblico acerca del hombre, toma una posición antibíblica acerca del evangelismo y hace a Dios un soberano arbitrario y caprichoso.  En lugar de esto, demasiados de ellos tararean las melodías pegadizas, cantan las palabras enfocadas con parcialidad, asisten a las reuniones en el área y leen ávidamente las versiones parciales de la Biblia todo para el realce del calvinismo.  Parecen casi no reconocer que están alentando a la gente a hablar de “sólo fe”, “fe es un don de Dios”, “orar hasta que llegue la salvación”, “no hay nada que uno puede hacer para ser salvo”, “uno es salvado para recibir la fe”, “una vez salvo, siempre salvo”, etc.  Ninguna de estas frases tiene la autoridad bíblica para respaldarla; más bien, expresan ideas antibíblicas.

Por estas razones, los siguientes capítulos de esta libreta serán dedicados a examinar las pretensiones del calvinismo, cuáles son sus doctrinas principales y cómo están en conflicto con las enseñanzas de la Biblia, correctamente usadas.  Es la convicción del escritor que hay que enfocar la atención sobre estos asuntos ahora.  Él te invita a compartir sus descubrimientos, si son verdaderamente bíblicos, con otros.  La tarea es de gran magnitud.

¿Cómo Comenzó el Calvinismo?

Se remontan los orígenes de las doctrinas que se debían de la armoniosa enseñanza bíblica hacía veintenas de años, varios siglos o aun un mileno o más.  Aunque Calvino vivió y enseñó exclusivamente dentro del Siglo XVI (1509-1564 d.C.), sus puntos de vista doctrinales no se originaron con él mismo, sino fueron adaptados y modificados de las enseñanzas de Agustín.  Agustín fue convertido a la fe cristiana en el año 385 d.C.  Para el año 396, se hizo obispo de Hippo en África del Norte y funcionó en aquella posición hasta su muerte en el año 480.

Durante su función en el oficio de obispo, Agustín propuso una presentación sistemática de una enseñanza teológica conocida como la predestinación.  En este ambiente doctrinal, luchó con el asunto de cómo opera el libre albedrío del hombre y cómo actúa recíprocamente la gracia de Dios con ello.  Él creía que los hombres fueron creados por Dios como seres racionales y libres.  Esto quería decir que podían escoger libremente hacer el bien o el mal.  Adán pecó y llevó a toda la raza a un nivel degradado de iniquidad.  Su pecado, el pecado original, fue pasado a cada generación en culpa y consecuencias para que todos los hombres y mujeres fueran corrompidos de su alto estado, dado por Dios, y dejados sin el poder de regresar a ello.  El hombre, entonces, estaba libre, pero libre sólo para pecar.  La caída de Adán trajo la maldición de que todos sus descendientes tendrían sus voluntades puestas en esclavitud al pecado y la muerte.  La masa entera de la naturaleza del hombre fue arruinada.  Solo Dios podía salvarlo, y aun cualquier repuesta positiva del hombre hacia Dios tendría que ser un don de Dios mismo.  Todo hombre merecía la condenación eternal, pero Dios, en su gracia, decidió seleccionar a algunos para salvación y a otros no para salvación.  Aquellos seleccionados para salvación no podrían resistir la gracia Divina.  Se les otorgaría el don de la perseverancia para arrepentirse, aunque pecaran.  Los elegidos no podrían rechazar lo bueno.  ¿El dilema?  Nadia, mientras permanecía en la carne mortal, podría estar seguro si estaba entre aquellos predestinados para salvación.  (Vea A History of Christianity <Una historia del cristianismo>, Kenneth Scott Latrourette, 1953, Harpers and Brothers, pp. 174-179.)

Es significante notar aquí que la base de la predestinación agustiniana no comenzó con el cristianismo apostólico escrito en Hechos ni en ninguna de las epístolas del Nuevo Testamento.  Ni brotó como una doctrina delincuente durante la última parte del primer siglo d.C.  Comenzó históricamente más de tres siglos y medio después del nacimiento de la Iglesia del Señor y el principio de la propagación del Evangelio puro.  Por lo tanto, no estamos escribiendo sobre algo arraigado en el mensaje apostólico, que nuestro Señor prometió que estaría bajo la guía del Espíritu Santo.  Vea Juan 14:26; 15:26, 27; 16:13-15.  En el artículo “La predestinación”, escrito para El diccionario teológico de Baker (1962, Quinta impresión, Baker Book House, p. 145), Loraine Boettner concede que los escritores padres de la Iglesias cristiana de los primeros tres siglos dejaron esta doctrina casi sin desarrollo.  Las raíces del calvinismo se remontan muy atrás; pero no pueden ser rastreadas hasta el cristianismo del Nuevo Testamento.

Calvino tomó la estafeta donde Agustín la dejó.  Sus persuasiones fueron esencialmente sinónimas con aquellas del obispo de África del Norte.  Edificó sobre ellas, las refinó y las sistematizó en una vista panorámica más comprensible.  El panorama que dibujó ha sido identificado popularmente como el “Concepto DEEGP”.  Las siglas son las primeras letras de cinco expresiones que resumen bien la gama del pensamiento calvinista: la Depravación Total, la Elección Incondicional, la Expiación Limitada, la Gracia Irresistible, y la Perseverancia de los Santos.  Enfoquemos nuestra atención en el resto de este capítulo a la primera categoría.

TULIP

Cuando hablamos de la “depravación total”, es importante que la representemos precisamente. Podemos alcanzar esta meta con éxito al tomar nota de varias ideas que no enseña.  No enseña que cualquier persona es tan mala como podría ser, ni que está totalmente destituida de virtud, ni que su espíritu está inactivo.  El hombre caído puede llevar a cabo actos en sí moralmente buenos.  En su estado no regenerado, puede amar a su familia y ser un buen ciudadano.  Puede ser generoso en esfuerzos caritativos y tratar a sus prójimos con bondad.  No obstante lo bueno de las obras mismas, estas obras no tienen una aceptabilidad antes Dios, puesto que el hacedor no está en armonía con Él.

Entonces, ¿en qué consiste la depravación total?  A saber, esto: que en el pecado de Adán en el Edén, todo hombre fue corrompido en su naturaleza para que ninguna parte de la personalidad moral-espiritual humana se haya escapado.  El intelecto, las emociones, la consciencia y la memoria han sido todos heridos gravemente.  Pero la voluntad del hombre ha recibido el golpe más fuerte.  Está muerta o en esclavitud total.  No puede responder a Dios de ninguna manera positiva.  El hombre está discapacitado, sin ninguna esperanza.  Como lo proponen adherentes de Calvino, el hombre está sordo, ciego y muerto para con las cosas de Dios. La justificación por esta situación difícil de dos niveles del hombre (facultades morales heridos, pero una voluntad muerta) es identificada en pasajes del Nuevo Testamento como Romanos 5:12-21; I Corintios 15:22; II Corintios 11:3, I Timoteo 2:13, 14.  El patrón calvinista no está deletreado en estos pasajes, sino supuestamente se deduce de ellos.  Se dice que Adán trajo la muerte sobre todo hombre, y la naturaleza de esta muerte se dice ser principalmente espiritual.

La muerte espiritual está descrita como haber sido pasado de Adán a todos los hombres por la razón de ser él la cabeza de toda la raza humana.  Él estaba puesto como cabeza oficial y representante de su raza.  Todos se cayeron con él y recibieron su muerte espiritual juntos con él.  El contexto de Rom. 5:12-21 puede ser explicado más efectivamente al notar que la muerte que pasó a todos los hombres es física.  Adán es la cabeza oficial de la raza humana, y todo hombre pecó representativamente en él.  No pecaron en realidad con él en el Edén por sus propias voluntades.  Pecaron representativamente en él en el Edén y ese hecho ha sido consumado.  Las frases “todos pecaron” (Rom. 5:12) y “fueron constituidos pecadores” (Rom. 5:19) se encuentran en el tiempo griego aorista para mostrar una acción cumplida en el pasado.  Los hombres no van a pecar y ser constituidos pecadores al paso de las generaciones venideras porque son herederos de Adán según el pasaje de Rom. 5:12-21.  Esta explicación no calvinista es sinónima en principio con la enseñanza en Hebreos 7:9.

Continuará en la próxima edición.

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