Artículo·Perfiles

¿Quién es el Enemigo?

P1400190Año 6
Número 28
Noviembre y diciembre 2001
Autor: Martín Drummond

¿Quién es el Enemigo?

Durante la guerra de Vietnam, el éxito de los oficiales que guiaban a las tropas en la selva no dependía tanto de cómo seguían un plan específico de ataque, sino de cómo lograban preservar la unidad entre las filas.

Los soldados venían de ambientes diferentes.  Algunos eran novatos, y algunos se estaban preparando para regresar a casa.  Algunas personas no podían soportar a aquellas de ciertos grupos étnicos.  A algunos de los soldados no les gustaba la música que otros elegían.  A algunos soldados no les gustaba ser entregado por el oficial de mando por fumar marijuana.

Un creciente disgusto de su propia situación llevó a algunos soldados a mostrar actitudes deplorables hacia los otros de su unidad.  El resultado: la tensión.  La responsabilidad de los oficiales era suprimir el conflicto interno.  Algunos lo lograron, pero otros no.

Cuando comenzaban a volar las balas, un oficial que no podía mantener a sus tropas enfocados en el enemigo pronto veía a sus tropas disparándose entre sí.  A veces, aun el oficial era muerto por sus propias tropas.  Quizás no por una bala americana, pero por la elección de nuestros soldados de no proveer cobertura de fuego durante un ataque.

¿Quién es el enemigo_

Es triste admitirlo, pero en realidad ocurrieron tales muertes de oficiales.

Aquella idea, más que ninguna otra acerca de la guerra de Vietnam, para mí es l más trágica.  Simboliza lo que sucede cuando hay división.

Sencillamente dicho, el hijo de alguien fue muerto o discapacitado porque alguien más no se salió con la suya.

¿Sucede este tipo de tragedia alguna vez entre familias?  Por supuesto.  He observado en meses recientes que, por los problemas en las vidas de sus hijos adultos, a veces los padres son culpados porque son los chivos expiatorios amantes quienes escogen no responder.

Aunque el culpar a los padres por nuestras elecciones como adultos es una idea muy pobre, millones lo hacen.  Y cuando hacemos sufrir a nuestros padres, de algunas maneras como castigo, por nuestras malas elecciones, no somos, en realidad, diferentes de los soldados en Vietnam que dejaban que los Viet Cong mataran a su oficial de mano y después declaraban que no tenían nada que ver con su muerte.

Lo mismo se aplica en la Iglesia.  Cuando hacemos elecciones equivocadas, ¿es correcto culpar a otros?

Si comenzamos un incendio forestal, ¿debemos culpar al guardabosques si el venadito Bambi es carbonizado?

Escuchen, queridos amigos: no existe manera alguna en esta vida en que todos estaremos de acuerdo en todo.  Simplemente no sucederá.  Sin embargo, podemos estar de acuerdo en que el enemigo, llamado Satanás, anda tratando de destruirnos y llevarnos al infierno, donde no se apaga el fuego, ni el gusano muere.

Siendo así el caso, necesitamos estar unidos para luchar contra él.  Necesitamos resistir sus esfuerzos de hacernos abrir fuego contra los nuestros, en lugar de hacerlos contras sus demonios de desesperación, destrucción y discordia.

Recordemos que el culpar a un oficial en el ejército si uno no está contento es un error.  En lugar de ello, es mejor convertirnos en mejores soldados y ayudar al oficial a alentar y entrenar a otras tropas.

Recordemos que el culpar a nuestros padres por nuestras fallas de adultos también es un error.  A menos que uno sufra de retraso mental, es responsable por sus propias elecciones.  De plano, es erróneo decir que “tenía que” apostar, o andar mal, o golpear a sus hijos porque lo hicieron los padres.

¿Quiénes elenemigo_

En realidad, lo que resta valor a este pretexto es que Dios ofrece su poder para ayudarnos a vencer nuestras debilidades y fallas.

Finalmente, cuando estamos “jugando con cerillos” tocando al comportamiento pecaminoso, no culpemos a otros por el fuego.  Especialmente si ellos están parados allí con una cubeta de “Agua Viva” en sus manos, queriendo apagar las llamas.

Sea que es Ud. El líder de una familia, en la Iglesia o en algún otro grupo, intente recordar a su grupo quién es el verdadero enemigo.  No mire en otra dirección cuando los miembros de su grupo se atacan entre sí.  En lugar de ellos, ore primero por sabiduría y paciencia.  Segundo, ore para que el Espíritu de Dios obre en los corazones de todos los involucrados.  Y, tercero, ore para entendimiento de cualesquiera cambios que tiene que hacer para ser más como Dios, más persuasivo como líder, padre u otra posición.

Dios le mostrará el camino en los días que siguen.

Como siempre, los amo,
Martín Drummond
Port St. Lucie, Florida

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