Editorial

La Iglesia de Cristo en México

P1400647

Año 2
Marzo-Abril
Número 3
Autor: Joaquín Renz

Segunda de tres Partes

La Iglesia de Cristo en México debe de pertenecer a Jesucristo, si no, estaremos equivocados al llamarla “la Iglesia de Cristo”.  Es erróneo pensar que porque la Iglesia pertenece a Cristo, nosotros también, automáticamente pasamos a pertenecer a Él.  El razonamiento correcto, el claro entendimiento de esta cuestión, es pensar que la Iglesia de Cristo es el conjunto de individuos, quienes perteneciendo individualmente al Señor, la componen, lo cuál hace que la Iglesia le pertenezca también a El.  Esto es la verdad por la cual podemos afrimar sin lugar a dudas que en dónde quiera que se encuentre un grupo de cristianos que verdaderamente hayan entregado sus vida a Cristo, allí mismo es el sitio en que se encuentra la Iglesia de El.  Nuestra meta no es saber cuál es la verdadera Iglesia, sino cuáles son los verdaderos cristianos.

Para saber esto, para conocer a las personas que están verdaderamente dedicadas a Cristo, existen muchas pruebas de las cuales podríamos hablar bastante.  La mayoría de ellas han sido inventadas por los hombres y aunque muchas de ellas son útiles, muchas otras son injustas y ninguna de todas ellas se equipara ni sirve como las calificaciones dadas por Cristo mismo.

Cristo no da tres calificaciones por medio de las cuales podemos saber cuando un hombre es verdaderamente de El.  Estas se encuentran en Juan 8:31: “Si Uds. siguen firmes en lo que les digo, llegarán deveras a ser mis discípulos; y conocerán la verdad y la verdad les dará libertad”, y en Juan 13:35 . . . “si se aman uno a otros, todo el mundo se dará de cuenta que son discípulos míos”, y Juan 15:8 . . . “Mi Padre recibe honor cuando ustedes dan mucho fruto y así demuestran ser verdadero discípulos míos.”

Estos versículos de las Santas Escrituras no nos enseñan todas las cosas que debemos hacer para ser de Cristo, pero sí nos muestra cómo debemos ser para que el mundo sepa que VERDADERAMENTE SOMOS DE EL.

El primero de ellos es más fácil decirlo que cumplirlo.  Para saber como obedecer los mandamiento de Cristo deberemos leer cuidadosamente las Escritura; tendremos que hacer todas las cosas que no manda El, bien directamente de propia voz o por voz de los Apóstoles, más esto no significa que debamos comportarnos conforme a lo que Jesús debería haber dicho, pues cada hombre diferente puede expresar una opinión diferente y no es en estas OPINIONES en dónde encontraremos LA VERDAD, si no en los mandamientos que Cristo no dio y que están consignados en el Nuevo Testamento junto con las enseñanzas que nos transmitió a través de sus Apóstoles.  En el Nuevo Testamento, dentro de esos Mandamientos, hay varios que nos indican que la desobediencia a ellos no señalará ante el mundo haciéndoles saber que NO PERTENECEMOS A CRISTO.  Son demasiados para mencionarlos ahora, pero sería sumamente interesante que alguno de nuestros lectores nos remitiera un art[iculo enmer[andolos, el cual tendríamos el placer de publicar en esta revista.

La segunda prueba mencionada en el versículo respectivo, es quizá la más rigurosa.  Cristo no dice que el mundo puede reconocer a los que son suyos “si se aman los unos a los otros”.  Lo que más falta hace dentro de la Iglesia de Cristo en México es precisamente AMOR ENTRE LOS HERMANOS.  Existen muchas diferencias entre ellos que les impiden amarse los unos a los otros, provocadas por celos, rencillas, envidias, etc. y producidos la mayor parte de las veces por causas baladíes tales como el chisme que impera en exceso entre muchos que se dicen cristianos.  Si se encuentran cristianos que quieren hacer daño a sus hermanos en Cristo, por lo que dicen y por lo que hacen, se puede saber de inmediato que no pertenecen a El.  Si hay hermanos en necesidad y los demás cristianos no hacen nada de lo que está a su alcance por ayudarles, es notorio que tampoco son de Cristo porque enseñan su falta de amor Y EL SEÑOR NOS DIJO QUE POR TENER TAL AMOR SE PUEDE SABER QUE SOMOS DE EL.

Finalmente, si pertenecemos al Señor DEBEMOS DAR FRUTO . . . ¿Cómo ejecutamos la obra que nos ha sido asignada por El?  ¿Estamos salvando más almas y ganándolas para Cristo y cada día más y más?  ¿Es nuestro esfuerzo fructífero y resulta una cosecha bendita o nuestra labor por intensa que sea es estéril y no rinde fruto alguno?  Cristo quiere que siempre el triunfo corone nuestra lucha, no desea que nos veamos derrotados por ello, cuando vencemos sabemos que somos de El y que El nos está ayudando.

Ahora bien, también en nuestras propias vidas debe existir el triunfo individual sobre nosotros mismos, en cada uno de nosotros debe verse el fruto de ser de Cristo, debe de verse en la forma en que vivimos y en todo lo que hacemos.  Un cristiano debe ser diferente a los demás.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s