Artículo

La Incomparable Riqueza de Su Gracia

P1330627Año 6
Número 27
Septiembre-Octubre 2001

Por Peter Kennedy, Copyright 2000, Devocionales por Correo Electrónico.

“Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.”  Efesios 2:6-7

Hetty Robinson nación el 21 de Noviembre de 1835 en New Bedford, Massachusetts. Su abuelo fue un multi-millonario que había comenzado una compañía enorme de la pesca de ballenas, llamada Isaac Howland Jr. Y Compañía.  Hetty creció aprendiendo a ser una financiera y a ser muy económica.

Cuando ella tenía treinta años, su padre murió y ella heredó cinco millones de dólares.  Hetty se casó y comenzó una familia.  También desarrolló sus habilidades de invertir y ahorrar, a los extremos.  Nunca dio ninguna propina, iba a los mesones a tomar sopa gratis a la hora de la comida y siempre vistió la misma ropa hasta que sus vestidos se llegaban a desgastar con el uso.  Nunca dio nada a las entidades de caridad o a alguna iglesia.

Fue tan miserable que aún los cereales se los comía helados para ahorrarse el consumo eléctrico de hervir el agua.  Su hijo sufrió una lesión muy severa en la pierna y Hetty tomó un largo tiempo en la búsqueda de una clínica para que lo asistiera sin cobro alguno, tanta fue la demora que la pierna del muchacho tuvo que ser amputada debido a la infección desarrollada.

Cuando ella murió, dejó a su hijo y a su hija $100 millones de dólares.  Esa fortuna, comparada a la riqueza de este tiempo, hace de Hetty la 36ª persona americana más millonaria de estos tiempos.  Pero así como ella nunca disfrutó de sus riquezas, también nunca disfrutó de la incomparable riqueza de Cristo.  Muchos cristianos están también viviendo como pordioseros, cuando deben clamar la herencia espiritual dada a nosotros por nuestro Padre Divino.

Cristo nos ha dado riquezas incomparables, pero debemos aceptarlo a Él y Su maravillosa gracia.  ¿Está usted gozando de las riquezas de la gracia de Cristo?  Ahora en oración, agradezca a Cristo que así como pasamos tiempo con Él en Su Biblia y en oración, crecemos ricos en Su gloriosa gracia.  “Crecemos ricos depositando la Palabra de Dios en nuestros corazones.”

Palabra de Dios: “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” Colosenses 1:27.

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La Iglesia y sus Partes

P1330627Año 6
Número 27
Septiembre y Octubre 2001
Autor: Edwin V. Hayden

La iglesia de nuestro Señor está hecha de muchas personas individualmente.  Esto está descrito en las Escrituras.  Algunas de las descripciones comparan a la Iglesia con otras cosas familiares.  Se compara a un edificio con Cristo como su fundamento y los creyentes (vivos) como sus blocs conectados firmemente a él (1 Pedro 2:5-8).  La iglesia también es comparada con un cuerpo físico, con Cristo como su cabeza y los creyentes como partes activas y vivientes tales como las manos, pies, ojos y oídos, cada uno con sus propias habilidades para ayudar a todo el cuerpo (1 Corintios 12:22-26).

La iglesia también es comparada con una familia, con Dios como el Padre y los creyentes como hermanos y hermanas (Mateo 23:8-10; 1 Timoteo 5:1, 2).

Más literalmente la iglesia es presentada como una compañía con trabajo que hacer y una fuerza trabajadora para lograr la tarea.  Cada miembro de esa fuerza tiene sus propias habilidades—incluyendo las técnicas que Dios le ha dado como regalo, los talentos y las enseñanzas—para usarse para el propósito de ésta.  En los primeros días había apóstoles y profetas y otros provistos de poderes especiales por el Espíritu.  Después de que la iglesia estaba bien establecida sus líderes eran hombres maduros con experiencia, y siervos vigorosos o diáconos, con maestros y predicadores de la palabra en cada congregación (Hechos 14:23; 1 Corintios 12:27-13:8; Efesios 4:11-16; 1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-9).

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Algunas veces las escrituras hablan de la iglesia en el sentido de que es un cuerpo completo de creyentes por todo el mundo y algunas veces como una compañía de creyentes en una localidad.  Congregación es un término conveniente designado a la iglesia local (compare Romanos 16:16; Colosenses 4:15; Apocalipsis 2 y 3).

La vigesimosegunda de una serie de artículos aclarando algunos principios bíblicos sobre los cuales podemos edificar la iglesia.

Editorial

Editorial

P1330627Año 6
Número 27
Septiembre-octubre 2001

 

Hay momentos en la vida que son muy difíciles, pero es Nuestro Señor el único que nos fortalece para sobreponernos.  Admiro mucho el valor que ha demostrado y nos ha inculcado nuestra hermana Lisa a través de estos años de dolor y pérdidas (su esposo y su mamá), todo el camino recorrido hasta aquí ha sido con un solo objetivo: Servir al Señor y aunque ha sido difícil, también ha sido mucha bendición, como el privilegio de poder editar esta revista; que no es un esfuerzo de una sola persona.  Detrás de este ejemplar hay muchas personas que trabajan para la edición sin percibir ningún tipo de pago material, sólo el sueldo espiritual de bendiciones por lo que quisiera mencionarlas y hacerles un reconocimiento público por todo el esfuerzo y tiempo que invierte en el trabajo del Señor, director de este ministerio:

Editora: Lisa Renz
Diseño, edición, preprensa y fotografía: Raúl Renz e Ivoné Calvo
Edición de la página de los niños: Ana Gaona
Programador y página web: Roberto Renz
Poemas: Tabitha Renz
Traducción: Rafael Renz e Isabel Mendoza
Edición de Perfiles de Hombres de Fe: Juan Carlos Lazo
Soporte técnico: Eloy Rodríguez
Corrección: Ignacio Valdivia
Secretaria: Verónica
Una mención muy especial a la familia Rodríguez Villalobos.
Junta Femenil de la Iglesia de Cristo de Pro-hogar: Hnas. Dina, Gloria, Lorenza, Lorena, Reina.
Y usted estimado hermano lector, que nos ha motivado a seguir en este proyecto del Señor, por medio de sus oraciones, cartas y aportaciones.

Oramos a Nuestro Padre Celestial por la provisión tanto física como material para seguir adelante; agradecemos a todos los hermanos en Cristo que desde el inicio de este ministerio nos apoyaron, han sido una parte muy importante en esta revista y cada aportación sabemos que el Señor la fructificó para la extensión de Su reino.

Han sido años de publicaciones, pero cada número ha sido una experiencia nueva y ha sido editada con el fin de compartir y aprender del Maestro.

Deseamos que cada edición sirva de inspiración a su vida para ser más como Él, y desde el fondo de nuestro corazón pedimos al Señor que este ministerio continúe fructificando en nuestros hijos, nuestra inspiración para predicar Su palabra: Perla, Maggie, Joaquín y Kyle, una nueva generación instruida en Su camino.

Y que cada persona que ha contribuido en cualquier aspecto a este ministerio, si no lo hemos mencionado, sabrá que el Señor le dará su reconocimiento al 100% y continuamos con esta bendición de Id por todo el mundo y predicad, por medio de El Discípulo Cristiano, sabemos que El Rey de Reyes está delante de este ministerio y que nos fortalece y uno como una sola familia en Cristo.

Sólo nos queda resumir todo en decirles: ¡Gracia! Y mientras esperamos la venida gloriosa de Nuestro Salvador, cada uno de nosotros donde quiera que estemos seamos luz y bendición, evangelicemos y discipulemos con el testimonio de nuestra propia vida.

Perfiles

Perfiles de Hombres de Fe: Columba

p1320307

Año 11
Volumen 42
Noviembre-Diciembre 2005

Columba

521-597
Introducción
En esta ocasión nos ocuparemos de un incansable y exitoso misionero irlandés llamado Columba.

  1. Nacimiento:
    Nace en diciembre del año 521 en County Donegal. Su padre era pariente de los príncipes entonces reinantes en Irlanda y en Escocia Occidental; su madre tenía también sangre real.  Le pusieron el nombre de Colum inspirado en la palabra latina que se traduce como “Paloma”.  Su padre se llamó Phelim MacFergus, quien era miembro de la familia real O’Neill, su madre, Ente, descendía de un rey de provincia irlandesa de Leinester.
  2. Su Niñez

    Columba_at_Bridei's_fort
    Imagen de Dominio Público, fuente Wikipedia

    Columba fue un niño robusto, travieso y muy talentoso y con una potente y agradable voz y con un buen sentido de humor lo que hacía ganarse el cariño y el aprecio de los demás. Puesto que la crianza de hijos ajenos era la práctica común entre los nobles irlandeses de la época, los niños eran criados por un tutor quien se encargaba del cuidado y enseñanza del niño.  En el caso de Columba fue el sacerdote Cruithnechan.  Por su religiosidad Columbo fue llamado “Columcille”, “Columna de la Iglesia”.
    Fue Finnian de Moville, uno de los principales eruditos entres los abades de aquella época quién con el estudio sistemático de las Escrituras y la vida monástica ayudó a Coumba consagrarse profundamente a Cristo.  Posteriormente Comuba dejó a Finnian de Moville, para seguir a Finnian de Clonard con el objeto de adquirir más conocimiento y crecer aún más en lo espiritual, por lo cual fue ordenado sacerdote.

  3. Sus Primeros Trabajos Misioneros
    Fue por el año 546 cuando Columbo fundó Derry, ahora ciudad de Londonderry y hacia 552 estableció el monasterio de Durrow, ahora en County Offaly.
  4. Lo Que Cambió El Rumbo De Su Vida
    Por el 561, ansioso de adquirir más conocimiento bíblico y de tener los mejores textos de la Biblia, copió sin permiso un manuscrito de la versión de Jerónimo del Salterio y los evangelios que Finnian de Moville había traído de Roma. Al saberlo Finnian de Conard, se enojó y le exigió que le diera la copia de aquel teto.  Como Columba se negó hacerlo, fue llevado por Conard a juicio ante el rey de Tara, pariente del propio Columba, el cual falló a favor de Conard.  Aun con todo esto, Columba no se los entregó.  Cuando la guerra civil estalló, Columba se levantó en armas derrotando en Coldrevney a las fuerzas de su primo el gran rey.
  5. Su Viaje Misionero En Escocia
    En una peregrinación realizada en el año 563, a los 42 años y acompañado de 12 discípulos, San Columba estableció una comunidad en la isla de Iona, en la costa oeste de Escocia. Intentó entonces convertir al cristianismo a las tribus pictas que vivían tras las montañas Grampian.  Las actividades misioneras de San Columba tuvieron gran éxito; parece que él y sus discípulos viajaron al continente Picto (en la actualidad Escocia), la Hébridas y las Orcadas, estableciendo centros misioneros.  La casa central de Iona tenía predominio sobre todos los monasterios que había levantado San Columba, así como sobre los fundados por sus discípulos en el norte de Inglaterra.  Pasó unos 34 años organizando su sistema eclesiástico en Escocia.  De regreso a Irlanda en el año 575, estableció iglesias y monasterios.
  6. Su Muerte
    Hasta los últimos días de su vida, Columba ejerció su enorme prestigio y a los 75 años, un día después de haber terminado la trascripción de un salterio, se levantó de su duro lecho para unirse a sus hermanos en su tradicional culto de medianoche. Llegó antes que ellos, debilitado por tantos años de labor, se arrodilló ante el altar y se desplomó.  Revivió brevemente, le dio a sus amados monjes una bendición de despedida y murió en paz durante las primeras horas de domingo 9 de junio del año 597.

Nota: Su Influencia
San Columba era un hombre temperamental y apasionado, de amplia cultura y un exquisito orador.  Abandonó su tierra irlandesa para establecerse en la isla de Iona donde fundó una escuela para misioneros.  Columba dejó con su ejemplo una huella imborrable en el cristianismo irlandés y escocés.  A sus amados mojes y convertidos les dejó el amor por los libros y en especial por la Biblia, la cual lo llevó a su aventura misionera cumpliéndola valiente y eficientemente.  No solo eso, sino que también lo impulsó.  Sabía de su compromiso y devoción a Cristo, lo que lo hizo el gran líder y predicador cristiano.  Trató de arreglar las disputas y reducir la violencia cada vez que pudo.

Reflexión: Cómo misioneros de Cristo ¿qué estamos haciendo? Espero que el ejemplo de este santo varón despierte en nosotros no solo el deseo, sino el hacer lo que Cristo nos encomendó en Mt. 28:19.

Artículo

¿Ofrendamos de Buena Voluntad?

p1320307Autor: Francisco Fernández Marín
Año 11
Volumen 42
Noviembre-Diciembre 2005

2ª de Corintios 9:5-15

En esta porción bíblica el apóstol Pablo trata acerca de una ofrenda especial para los necesitados, la que a su vez es un medio para extender el evangelio a otras partes, algo más allá del sostenimiento del culto en la iglesia local.  La mayordomía de las finanzas es un área crítica de nuestra vida cristiana.

Lejos esté de nosotros el ansiar “enriquecernos” con el dinero del mundo, “porque los que quieren enriquecerse”—nos dice el apóstol, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1ª Timoteo 6:9-10).

¿Cuál es nuestro verdadero afán por conseguir el dinero?  “En toda labor hay fruto; más las vanas palabras de los labios empobrecen”, se nos dice en Proverbios 14:23.

¿Cómo utilizamos nuestras finanzas?  ¿Proveemos de lo necesario para los que padecen necesidades?  “Porque si alguno no provee para los suyos” nos dice Pablo, “y mayormente para los de su casa, ha negado la fe” (1ª Timoteo 5:8).  Pero Pablo aún va más allá.  ¿A qué persona es comparada quien no provee para estas necesidades?  Él nos dice rotundamente que “es peor que un incrédulo”.  Y el apóstol Juan con bastante claridad nos dice: “en esto hemos conocido el amor; en que Él—Cristo—puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.  Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿Cómo mora el amor de Dios en él?  Hijitos míos, no amemos de palabra, ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1ª Juan 3:16-18).

¿Cómo está nuestra disposición para dar de nuestros bienes y así poder sostener los programas de nuestro Dios?  Recordemos cómo el pueblo de Israel estuvo en disposición correcta para ofrendar en la construcción del Tabernáculo (Éxodo 25:1-7 y 36:2-7).  Y según 2ª Corintios 9:6-7, ¿Qué pide Dios de nosotros?  “El que siempre escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”, nos dice el versículo 6.  Si anhelamos tener una buena cosecha, debemos sembrar generosamente.  El que recibe de bendición debe dar de bendición; bien recibirá del mismo modo.

¿Cómo debería ser nuestra actitud en cuanto a dar para el Señor?  El versículo 7 dice: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, por que Dios ama al dador alegre”.  Lo que entregamos hay que hacerlo de corazón.  En cuanto a ayudar a los pobres, en Deuteronomio 15:10, nos dice: “Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas”.  Realmente “Dios ama al dador alegre”.

¿En dónde está puesto nuestro corazón?  ¿En qué cosas o asuntos lo tenemos ocupado?  El Señor Jesús nos dice en Mateo 6:19-21: “donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen y ladrones no minan ni hurtan.  Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

En el caso del joven rico (Lucas 18:18-30), después de haber conversado con el Señor Jesús, se marchó con tristeza por cuanto no amó con todo su corazón al señor, sino que prefirió vivir con la riqueza material que poseía, la cual fue su único y principal dios, y esto aún teniendo el mandamiento divino que le indicaba: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3); ni tampoco él amó a su prójimo con así mismo.  Si él hubiera mostrado cierta complacencia o buena voluntad en deshacerse de sus posesiones terrenales a petición del Señor, entonces a él no se le podría haber sido pedido de hecho a hacerlo.  El Señor no quiso la riqueza material del joven rico, sino solamente la fe en Dios de su corazón.

El mandamiento del Señor a este joven de renunciar a sus posesiones, vendiéndolas para darlo a los pobres, fue propuesto como una prueba en este caso particular, y no fue para significar que sea un mandato para todos los que deberían buscar la vida eterna.  Muchas personas ricas honran al Señor con sus fortunas, y las usan para su mayor honra y gloria.  Para ser salvo uno debe creer en Él, reconociéndole como Salvador y Señor, como el Dueño de todo lo que somos y tenemos.  ¡Gracias, pues, sean dadas a Dios por su don inefable!

Artículo

El arte perdido de auto-examinarse

p1320307Autor: Victor Knowles
Año 11
Volumen 42
Noviembre-Diciembre 2005

Por Victor Knowles
(publicado en The Lookout, 18 de sept. 2005)

“El doctor ya le va a atender.”  Por fin terminó la espera.  Has estado sentado, aun tal vez dando vueltas, en el cuarto de examen por lo que parece un largo tiempo.  Pero ahora el doctor está en el cuarto, dándote la mano, consultando tu expediente y viéndote directo a los ojos.  “¿Cuál es el problema?”  Ya empezó el examen.

Exámenes de doctor, exámenes de matemáticas, exámenes para la licencia de manejar.  Si estos exámenes son tan difíciles para nosotros, ¿cuánto más difícil es un examen de nosotros mismos?  Se necesita motivación para examinarse a uno mismo.

Podemos entender un examen físico, mental y aún emocional.  ¿Pero qué de un examen espiritual?  ¿No debería examinarnos Dios?  ¿Cómo estamos—como pecadores que somos—calificados para hacernos un examen espiritual de nosotros mismos?  Por extraño que parezca, la Biblia nos impulsa—aún manda—que los creyentes se ocupen en esta actividad espiritual y profundamente personal que se llama “el probarse a uno mismo”.

Mirando hacia Dentro

Favor de notar que se enfatiza aquí el examinarse a uno mismo.  Los fariseos contemporáneos con Jesús eran expertos en examinar las vidas de otros.  Jesús los reprendió mordazmente por esta práctica pomposa.  “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?  ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?  ¡Hipócrita!  saca primero la viga de tu propio ojo; y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mat. 7:3-5).

Cristo mismo constantemente estaba bajo el microscopio de los fariseos inquisitivos.  Eran implacables en sus esfuerzos de encontrar algún error en sus enseñanzas o en su comportamiento.  ¡Imagínense el colmo!  Cristo, el hijo de Dios sin pecado, ¡bajo constante vigilancia!

Lo hermoso es que no podían encontrar ninguna falta en él.  Lo trágico es que, desafortunadamente, sus actitudes siguen vivas en algunas personas que piensan que su llamado en la vida es escudriñar las vidas de sus compañeros cristianos.  Prefieren interrogar que examinarse a sí mismos.  La terrible Inquisición destacaba por el engranaje de cremallera y piñón; los de la inquisición moderna emplean cartas difamatorias y el internet.

Francois Fenelon (1651-1715) notó, “Nada nos harían más caritativo y tiernos a las fallas de otros que examinarnos a nosotros mismos verdaderamente y conocer las nuestras”.

Una Práctica Diaria

El Cristianismo es una experiencia 24/7.  Si debemos “animarnos unos a otros diariamente”, entonces seguramente debemos examinarnos diariamente.  Esperar hasta el día del Señor para examinarnos es una práctica peligrosa.

El profeta Jeremías estimulaba a la nación de Israel, en exilio, a comprometerse a examinarse a ellos mismo y probarse.  “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lam. 3:40).  El resultado deseado de este examen de nosotros mismos es la restauración—el regresar a Dios de corazón, espíritu y conducta.  Quince veces en el libro de Oseas, el profeta insta a la gente volver a Dios.

Pero, ¿está dentro de nosotros—gente que somos “propensos a desviarnos . . . propensos a dejar al Dios que amamos” (Roberto Robertson)—el conducir chequeos espirituales a nosotros mismos?  Jeremías también declaró, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jer. 17:9).  Sin embargo, el siguiente versículo dice, “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”.  Análisis de uno mismo e introspección no son suficientes—necesitamos la ayuda del Gran Médico.  Dios es una ayuda en esta actividad tan personal.

David sabía que necesitaba ayuda divina en examinar su propio corazón así que oró, “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón” (Sal. 26:2).  Estaba aún más explícito en el Salmo 139:23, 24.  “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”.  Pedir a Dios revelar tus pecados y ofensas es el primer paso para examinarse a uno mismo.

Tal vez la amonestación más fuerte para examinarse a uno mismo en la vida diaria se encuentra en el mandato de Pablo a la iglesia de Corinto.  “Examinaos a vosotros mismo si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.  ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo están en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Cor. 13:5).  Esta palabra reprobado se refiere a uno que está condenado, una alma perdida.  O estamos en la fe o no.  O estamos en Cristo o no.  Cristo o está en nosotros o no.  El examen de uno mismo (lo cual puede prevenir la condenación de uno mismo) puede incluir preguntar cuestiones como:

¿Estoy permaneciendo en la vid?  (Juan 15:5)
¿Soy un hacedor de la Palabra o sólo un oidor? (Sant. 1:22)
¿Estoy creciendo en gracia y en conocimiento?  (2 Ped. 3:18)
¿Hay evidencia de que Dios está obrando en mí? (Fil. 2:13)
¿Estoy siguiendo al Espíritu Santo? (Gal. 5:16)

Si tu vida espiritual se asemeja a la caja de velocidades de tu carro, ¿en cuál velocidad está hoy?  Algunos de nosotros ¡estaríamos en reversa!  Otros se encontrarían en neutral, y aún otros en primera.  El examinarse a uno mismo ¡te ayuda a cambiar a la velocidad más alta!

El Examinar a Uno Mismo Dominical

La práctica de los primeros cristianos era partir el pan en memoria de su Señor, crucificado y resucitado, el primer día de la semana.  Era la razón para congregarse (Hech. 20:7).  Honraron la petición de su Señor de comer el pan y tomar de la copa “en memoria de mí”.  La comunión es una participación privilegiada en el cuerpo y la sangre de Cristo (1 Cor. 10:16).  La Cena del Señor también es un tiempo de proclamación audaz.  Siempre cuando comemos el pan y tomamos la copa estamos proclamando la muerte de Cristo hasta que regrese (1 Cor. 11:26).  La Cena del Señor, entonces, es un tiempo de conmemoración, un tiempo de participación y un tiempo de proclamación.  Pero una cuarta cosa puede ser—y debe ser—añadida: La Cena del Señor es un tiempo de Examinarse a uno mismo.

Algunas iglesias no permiten a gente de afuera participar en su servicio de Comunión.  Otros imponen un examen riguroso antes de que te declaren adecuado para participar en ellos.  Pero esta es la Cena del Señor, no la nuestra.  Él nos invitó a participar, a comer, a tomar.  No es nuestro lugar excluir ni impedir. Sin embargo, debemos ser más activos en advertir a los que llegan a la mesa del Señor a hacer algo primero—examinarse a ellos mismos.

Alguien una vez llamó a la Cena del Señor “La Comida Más Peligrosa del Mundo”. He aquí la razón: “De manera que cualquier que comiere este pan o bebiere de esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.  Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.  Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Cor. 11:27-29).

Somos indignos por naturaleza pero dignos por gracia para participar de la Cena sagrada.  Lo que Pablo nos advierte es participar en una manera indigna—sin reconocer el sacrificio tremendo que hizo Cristo al morir por nuestros pecados en la cruz.  Jesús dijo “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mat. 26:28).  Y así cantamos “Aquí sabores de nuevo la calma del pecado perdonado” (Horatius Bonar”.

La Cena del Señor no es algo para iniciar aprisa, ni hacer aprisa, ni dejar aprisa.  No es “comida instantánea” para inhalar instantáneamente en la carretera rumbo al cielo.  Se debe proporcionar tiempo ilimitado para que los participantes hagan lo que mandó Pablo “se debe probar cada uno a sí mismo y coma así del pan y beba la copa”.  Se debe dar el tiempo necesario para permitir a los devotos preguntarse a ellos mismos cosas personales y a volver a entregarse al servicio de Cristo.

Es tiempo de restaurar el arte perdido de examinarse a uno mismos.  Los resultados y premios valdrán la pena—la salud espiritual mejorada en nuestras vidas y en nuestras iglesias.

Artículo

El prisionero con pena de muerte y la fe

p1320307Autor: Don Hodges
Año 11
Volumen 42
Noviembre-Diciembre 2005

 

Estoy sentado a unos cuantos metros de un hombre con pena de muerte.  Judío por nacimiento.  Fabricante de casas de campaña.  Apóstol por llamamiento.  Sus días están contados.  Tengo curiosidad por lo que anima a este hombre al acerarse se día de ejecución.  Así que le pregunté:

¿Tienes familia, Pablo?  “No, a nadie”.

¿Y tu salud?  “Mi cuerpo está golpeado y cansado”.

¿Y qué posees?  “Tengo mis manuscritos.  Mi pluma.  Un abrigo”.

¿Y tu reputación?  “Puse, no es mucha.  Soy hereje para algunos, un rebelde para otros”.

¿Tienes amigos?  “Sí, pero algunos de ellos me han dado la espalda”.

¿Algún premio?  “Aquí en la tierra no”.

Entonces, ¿Qué tienes, Pablo?  No tienes posesiones.  No tienes familia.  Te critican algunos.  Otros te hacen burla.  ¿Qué tienes, Pablo?  ¿Qué tienes que valga la pena?  Me senté hacia atrás para ver.  Pablo dobla su mano en un puño.  Lo ve.  Yo lo veo.  ¿Qué agarra?  ¿Qué tiene?  Extiende su mano para que la pueda ver.  Al inclinarme hacia delante, abre sus dedos.  Veo la palma de su mano.  Está vacía.  “Tengo mi fe.  Es todo lo que tengo.  Es todo lo que necesito.  He mantenido mi fe”.

Pablo se reclina hacia la pared de su celda y sonríe.  Yo me reclino hacía otra pared y miro fijamente a la cara de un hombre que ha aprendido que hay más en la vida que lo que se ve.  Porque eso es lo que es la fe.  La fe es confiar en lo que el ojo no puede ver.

Los ojos ven el león rugiente.
La fe ve el ángel de Daniel.
Los ojos ven las tormentas.
La fe ve el arco iris de Noé.
Los ojos ven los gigantes.
La fe ve Canaán.
Tus ojos ven tus faltas.
Tu fe ve tu Salvador.
Tus ojos ven tu culpabilidad.
Tu fe ve Su sangre.
Tus ojos ven tu sepulcro.
Tu fe ve una ciudad construida por Dios.

Tus ojos ven el espejo y ven un pecador, un fracasado, un rompedor de promesas.  Pero por fe ves en el espejo y contemplas un pródigo vestido con la mejor túnica, con el anillo de la gracias en su dedo y el beso de tu Padre en tu cara.  “Pero, espere un momento”, pregunta alguien.  “¿Cómo sé que es verdad?  Suena bonito, pero denme los hechos.  ¿Cómo sé que estas no son más que huecas esperanzas?”  Parte de la respuesta se puede encontrar por los pequeños saltos de fe que hacía mi hijo Dan de chiquito.  Su hermano mayor, Toni, estaba en el cuarto viendo y pregunté a Dan si saltaría hacia Toni.  Rehusó.  Traté de convencerle.  No cedía.  ¿Por qué?, le pregunté.  “Sólo salto a brazos grandes” contestó.

Si pensamos que los brazos son débiles, no vamos a saltar.  Por esta razón, el Padre flexionó sus músculos.  “El poder de Dios es muy grande para nosotros que creemos,” enseñó Pablo.  “Este poder es el mismo que el poder que usó Dios para levantar a Cristo de los muertos” (Efe. 1:19, 20).

La próxima ve si tienes dudas si los brazos de Dios te pueden aguantar, lee este versículo.  Los meros brazos que conquistaron la muerte son los brazos que te esperan.

La próxima vez si tienes dudas que si Dios te puede perdonar, lee este versículo.  Las meras manos que se clavaron en la cruz están abiertas para ti.

Y la próxima vez si tienes dudas que si va a sobrevivir al salto, piensa en Dan y en mí.  Si un padre tan inútil como yo puede coger a mi hijo, ¿No crees que tu Padre Eternal te puede coger?

Señor, danos fe para aceptar su regalo gratis de la Salvación por su Hijo crucificado.  En el Nombre de Jesús.  Amen . . .

Editorial

Editorial

p1320307Autora: Lisa Renz
Año 11
Volumen 42
Noviembre-Diciembre 2005

DIOS ES BUENO

Recibí esta contestación a una carta que escribí a mi amiga, Martha Andersen.

Tienes razón.  Dios es bueno.  He estado enferma, muy enferma, pero su presencia no me ha abandonado.  Por fin (después de casi un año de enfermedad) me diagnosticaron con la enfermedad de Grave (causada originalmente por un virus de la artritis).  Mi cuerpo no toleraba las medicinas que me dieron para suprimir la tiroides, así que nuestra única opción era cirugía para quitar la tiroides o tomar yodo radioactivo para matar la tiroides.  Tomé el yodo el 20 de mayo.  Ahora está muriendo lentamente mi tiroides, lo cual me trae bastante alivio, pero ahora mi presión está por los cielos, y o sabemos por qué.  Las medicinas que necesito para tomar para eso me marean y me dan fuertes dolores de cabeza.  Finalmente, mi tiroides morirá al expensas que tendré que tomar hormonas por el resto de mi vida.  Una pastillita cada mañana.  Es MUCHO mejor que la muerte, que me hubiera causado la enfermedad de Grave si la hubiera dejado sin tratamiento por años.

Así que, Dios es bueno.  Él es bueno cuando estoy enferma.  Él es bueno cuando estoy sana.  Yo, en cambio, he experimentado una enfermedad extendida por primera vez en mi vida y estoy aprendiendo mucho acerca de mí misma, acerca de Dios, y lo frágil que es la vida, y acerca de lo que muchas otras personas amadas en el mundo han estado aguantando casi desde el principio del tiempo.  El milagro, me parece, era que tuve 48 años de perfecta salud.  La buena salud, también he aprendido, que es un maravilloso regalo de Dios, pero no el MEJOR regalo.  El Hijo de Dios y Su Amor para mí es el regalo superior.